Formatos reconocibles en formación e-learning

El buen curso e-learning tiene un ritmo que te suena

Publicado el 2 noviembre 2016 - - E-learning

El patio de butacas está lleno de expectación. Hay un silencio profundo que nadie se atreve a romper. El director coge la batuta y, tras tres sutiles toques, empieza el ritmo…

¿De qué estoy hablando? Aunque parezca mentira, elaborar un curso e-learning se parece mucho a dar un concierto: conocemos la partitura, que son los contenidos que queremos transmitir; conocemos al público, que es nuestro target, conocemos al colectivo que va a realizarlo… pero falta por definir el ritmo que vamos a imprimir, y que va a hacer que nuestro concierto tenga una personalidad propia.

Como en cualquier concierto, no basta con una buena partitura. Aquí es donde viene el quid de la cuestión: ¿Seremos unos virtuosos a la hora de guiar nuestra orquesta, como los grandes maestros, o simplemente nos quedaremos en simples aficionados?, ¿podremos transmitir pasión o solamente una insípida melodía?, ¿encontraremos un montón de notas juntas que simplemente suenan, o una verdadera armonía?

Formatos reconocibles en una formación e-learning

Hay miles de opciones que dependen de nuestra creatividad, pero, ¿y si para vestir a nuestro curso usamos un ritmo que ya nos suena? Si conoces al violinista Ara Malikian entenderás de lo que te hablo: él ha sido capaz de coger la música clásica y hacerla fácil, cercana, próxima. Y, en muchos casos, para crear esa pasión alrededor de lo que hace ha tomado prestadas melodías reconocibles por todo el mundo.

¿Y si nosotros hacemos lo mismo con nuestros cursos? ¿Podemos recurrir a formatos reconocibles por el gran público para vestir nuestros contenidos? La respuesta es clara: por supuesto. No hablamos de simple storytelling, vamos más allá.

Ejemplos hay cientos: podemos crear un falso formato televisivo con el que nutrirnos de géneros como el informativo, el magazine, el programa de variedades, la ficción, el late night… O mejor: ¿y si nos disfrazamos de las grandes competidoras por la atención del usuario que tiene un curso de formación online? Si no puedes con tu enemigo, únete a él: con un buen trabajo de diseño y una viva guionización, puedes adoptar la estética y el funcionamiento de las redes sociales. Simular que el contenido del curso se aloja en breves post de un blog, o crear tweets ficticios que ayuden a resumir las claves del contenido o entradas de Instagram que potencian un buen repositorio de imágenes, para generar una dinámica de microlearning.

Puedes aprovechar incluso situaciones de la vida real: práctica de deportes, viajes, conversaciones con amigos… También, por qué no, es posible utilizar formatos tipo WhatsApp para trasladar conversaciones o generar role plays, casos prácticos… las posibilidades de tu curso e-learning solo dependen de tu imaginación.

Ventajas de crear un curso “que te suena”

Los beneficios son muy variados: en primer lugar rompemos la clásica -y, por qué no reconocerlo, a veces aburrida-  dinámica de aprendizaje: los usuarios necesitan novedad, y encontrar algo así supone un soplo de aire fresco en nuestras formaciones. Por otro lado, generamos curiosidad y expectativas, lo que hace que los participantes en la formación se enganchen. Además, creamos una mejor disposición al aprendizaje, empatizamos con su realidad e, incluso, podemos generar una “imagen de marca” gracias a nuestra manera tan original de hacer las cosas. No olvides que conectar emocionalmente nos permite recordar mejor y, por eso, aprovechar elementos de nuestro día a día genera una sensación de familiaridad que potencia la memorización de nuestros cursos.

No importa tanto ajustarse a una fórmula u otra a la hora de dar este paso. El caso es que tu equipo establezca una conexión con esa forma de transmitir el contenido que estamos empleando y que, satisfecho y enganchado, pueda decir: “este ritmo me suena”.

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