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La mejora continua en tiempos de cambio, una actitud más importante que nunca

Publicado el 18 mayo 2015 - - Management y Liderazgo

En las últimas décadas el concepto de mejora continua ha sido ampliamente reconocido como la filosofía que deben tener las empresas para optimizar la calidad de sus procesos, productos y servicios. Muchas empresas han implantado diferentes sistemas de gestión de la calidad basados en este modelo para así conseguir la excelencia en su organización.
Sin embargo, ahora más que nunca, el concepto de mejora continua debe ir más allá de la implantación de un sistema de calidad, debe ser la esencia que impregne la manera de pensar y de hacer de todos los empleados en cualquier organización. La velocidad con la que suceden los cambios actualmente no tiene nada que ver con la realidad de hace unas décadas… En todos los sectores pero, si cabe, más en el tecnológico, estamos inmersos en un cambio continuo y esta no es una coyuntura temporal, es una realidad que viene para quedarse.

Una organización que tienda a permanecer en su zona de confort se verá rápidamente afectada por los cambios en el entorno. La que es hoy su ventaja competitiva enseguida dejará de serlo. Es necesario innovar y evolucionar, pero ese cambio continuo en el que se verá inmersa requerirá un reajuste constante en sus procesos, productos y servicios y la búsqueda de la excelencia a través de la mejora continua será la que marque la dirección correcta en esa evolución.

Hemos de entender la mejora continua como una actitud. La organización debe establecer los mecanismos necesarios para fomentarla y favorecerla, teniendo en cuenta los siguientes aspectos:

– Cualquier empleado no solo puede, si no debe, proponer mejoras que afecten a su ámbito de trabajo. Tener una actitud crítica con los procesos de trabajo o los productos y servicios que se comercialicen no es algo que compete sólo al equipo directivo o jefes de área, si no que todos los empleados tienen la responsabilidad de participar en esta búsqueda de la excelencia, proponiendo soluciones ante los problemas identificados.

– La mejora continua debe comenzar por uno mismo. Es un error que haya empleados que puedan pensar que todas las mejoras a abordar dependen únicamente de cambios en la organización, ajenos a su persona, ya que absolutamente todos tenemos áreas de mejora. Ser autocrítico con el desempeño propio y la calidad del trabajo personal es fundamental para evolucionar como profesional. Y a su vez la evolución de cada profesional revertirá en una mejora sustancial en la organización.

– El momento es hoy. Debemos tener el hábito de trabajar con el pensamiento de mejora continua todos los días. Ante la detección de un problema, no hacer nada para arreglarlo o posponer su solución, tiene un coste de oportunidad altísimo y podría tener consecuencias muy negativas.

– El talento es un activo fundamental. La capacidad intelectual, las competencias, la formación, la creatividad y la experiencia de las personas que forman la organización serán determinantes en la calidad de las soluciones propuestas y en la agilidad de su implementación.

Las organizaciones en las que esta actitud de mejora continua esté en su ADN y en el de todas las personas que la forman, tendrán la capacidad de evolucionar de forma ágil para adaptarse a los cambios que el entorno les procure y esto les dará una ventaja competitiva diferencial respecto a otras empresas de su sector.

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